Las dos guitarras se entrelazan en una subida armónica, una lleva el ritmo con un potente rasgueo y la otra punteando las seis cuerdas para trenzar la melodía. La canción es contagiosa, libre…
Los ojos cerrados, no hace falta mirar nada, solo sentir, dejar fluir esa energía que las guitarras inspiran. Ahora la batería y suavemente, tras todo aquél estallido sónico un teclado creando una dulce atmósfera.
Levanto la cabeza y siento la música fluir como una suave brisa en mi interior, en todo mi ser. Siento que mi cuerpo ya no está acotado, sino que de pronto era ilimitado, infinito, lleno de colores, de sensaciones…
Y en ese punto álgido todo cimbrea, todo estalla, pierdo esa sensación, el equilibrio se rompe lo mismo que si a un preciso mecanismo de pronto se le hubiese desajustado una pieza. Pero no es la música, las guitarras siguen su melodía, la batería sigue imprimiendo fuerza y ritmo. Soy yo… esa voz…tengo que abrir los ojos, dejar de mover la cabeza con aquel ritmo que entraba en mí como un torrente. Por un momento todo se apaga, todo se derrite a su alrededor como ese cuadro de Dalí en el que los relojes parecen derretirse bajo el implacable sol. Solo puedo verla a ella, ¿un ángel? , no podría decir que no. La mirada perdida en el fondo de la sala, tímida, esquiva. El micro abrazado, acariciado con dulzura. Sigo embelesado mientras todo el mundo salta y se mueve a mí alrededor, alguien se acerca y acompaña a voz en grito a chris, yo también lo hago, despierto de mi sueño.
No me atrevería a decir si es un ángel, pero sin duda tiene magia, como campanilla, seguro que es un hada como ella porque me ha hecho volar; como el hada lo hacía con sus polvos mágicos, pero ella lo ha conseguido solo con su voz. De pronto, como si fuera un error me dedica una breve, fugaz y efímera mirada acompañada de esa sonrisa tímida que dice tanto sin decir nada. Un gracias, un sigue saltando, un eres un personaje, deja de mover la cabeza así….
Supongo que ha recuperado la sensación de las miradas, sin duda. Dicen algunas palabras pero sigo en mi nube particular, en mi mullida y suave nube, en esa a la que me retiro cuando las cosas van mal o cuando me siento como en el cielo, en mi cielo. Esa que cae estrepitosamente cuando comienza una nueva canción y esta vez ni ritmo, ni movimientos de cabeza, ni siquiera forzar la garganta para seguirla, simplemente la miro, como si realmente hubiera visto un ángel, esforzándome por grabar en mi mente aquellos breves instantes, porque cuando quiero acordar un movimiento de mano me indica la despedida y batiendo sus alas desaparece hacia ese cielo tan cercano como lejano, seguramente rozado por una alta torre y de dulces y mullidas nubes. Aun así, tal vez producto de mi imaginación, veo como lanza un beso y se despide con el suave menear de su mano. Y de mis labios escapa un hasta pronto y una lágrima que va a parar directamente al corazón.
Escuchando: Beside your heart. Alchemist of Darkness.
Escuchando: Beside your heart. Alchemist of Darkness.
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