knocking on hell's doors

Cuando todo va mal, las nubes ocultan los rayos claros del sol y la sombra te acecha con una goma MILAN gigante e invisible para hacer desparecer la sonrisa de mi cara invento mi particular edén, mi oasis, mi burbuja, mi dulce y mullida nube...música, las volutas del humo de la varilla de incienso ascendiendo hasta el infinito y todo alcanza el equilibrio ansiado. Bienvenidos a mi mullida y suave nube.


Quizás les haya pasado en alguna ocasión, quizás alguna vez caminando por la calle les pareció ver entre el tumulto de la gente a una persona a la que amaron hace mucho tiempo. Apenas fue un instante, un breve destello de luz; el suficiente como para dejar una quemadura en la retina y en el alma, el suficiente como para dejarte paralizado en mitad de la acera sintiéndote a contracorriente de todo, sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Y se le llena a uno la cabeza de recuerdos. Y el caso es que no está seguro de que se trate de esa persona, primero porque fue como digo un breve instante y en segundo lugar porque hace tanto tiempo desde la última que os visteis que… todos hemos cambiado en este tiempo…y está bien que así sea. El caso es que entonces uno queda dudando en la acera pensando si no será que uno confunde la realidad con el deseo… quiero decir que quizás, sí se trate de esa persona, pero a lo mejor no, a lo mejor uno lo desea tanto que la inventa entre la gente; desapareciendo y apareciendo, apareciendo y despareciendo. Y no digo que quedara algo urgente por decir, algo pendiente, quizás no sea eso, quizás sea un deseo inconsciente y uno solo quiere encontrarse para decirle cualquier tontería, quizás para recuperar un retazo de aquellos tiempos en los que éramos eternos e invulnerables, quizás solo para decir: ¿Qué ha sido de ti en todo este tiempo? ¿Qué fue de nosotros? ¿Qué ha sido de mí?

 

Ilusiones rotas.
 Nos quejamos cuando algo se rompe. Nuestra madre se quejaba y ardía Troya cuando nuestro balón, eterno compañero, le rompía su jarrón preferido. Nos quejamos cuando perdemos algo, como cuando el mismo balón que días antes había roto el jarrón de mamá se encarama en las ramas del árbol más alto e infranqueable de todo el parque y nos tenemos que conformar con verlo ahí, día tras día, semana tras semana sin poder tenerlo en nuestras manos y romper el jarrón nuevo que mamá ha comprado. Nos quejamos cuando se nos rompen las ilusiones...
A veces tenemos ilusiones secretas, de esas que escondes bajo llave en la trastienda del corazón de esas que cuanto más tratas de silenciar, más se te notan en la cara, y cuando por fin, en un acto de valentía (o de locura) te atreves a presentarlas en sociedad resulta que hay a quien no le gusta lo que has pensado, no lo entiende o simplemente disfruta viendo sufrir al resto como el niño que corta las alas a la pobre mosca que busca la salida incorrecta rebotando una y otra vez contra el cristal de la ventana. Hay incluso quien, incapaz de tener una, trata de pisarlas de forma egoísta, sin darte opción a equivocarte, sin darte opción a soñar deseando claramente que encuentres la desdicha y que regreses llorando. A veces, por no decir siempre, no hace falta que ningún matón venga a pisotearlas, simplemente lo hace el destino con una conversación que no deberías haber escuchado o una llamada de teléfono en mal momento.
Y cuando se nos rompen las ilusiones nos quejamos. ¿No sería más fácil simplemente no comprarlas como mamá hacía con el jarrón?
Escuchando my dying bride: My wine in silence.


Otro papel en blanco, otro lienzo que espera a ser mancillado con pintura en forma de palabras que pretenden limpiar mi alma. Otro papel que, cuando tome conciencia de su inutilidad, no podrá siquiera secar las lágrimas que encharcan mi alma, mi corazón mi existencia.
Otro papel en blanco, otra oportunidad desaprovechada, otro texto desaprobado y condenado a la hoguera por la razón pero ensalzado por la inspiración y el deseo, por las musas de vestidos vaporosos que se marchan igual que llegaron, que se escurren como agua entre mis dedos mientras escribo.

Otro intento de dibujar todo aquello que me amenaza, que me entusiasma, que me hiere o me alegra y que apenas queda en un boceto, sin comprender que persigo un sueño. Extirpar sentimientos con letras, escribir y olvidar. Y por más que me esfuerce siguen ahí, agazapados, dormitando esperando el momento para despertar apenas para recordarme que siguen ahí, que no se han marchado ni lo harán. Recordándome que seguirán martirizándome, que sigo vivo, que sigo intentando escribir lo que vivo, que sigo viviendo lo que escribo.
Escuchando: Aria a la medianoche.


Las dos guitarras se entrelazan en una subida armónica, una lleva el ritmo con un potente rasgueo y la otra punteando las seis cuerdas para trenzar la melodía. La canción es contagiosa, libre…
Los ojos cerrados, no hace falta mirar nada, solo sentir, dejar fluir esa energía que las guitarras inspiran. Ahora la batería y suavemente, tras todo aquél estallido sónico un teclado creando una dulce atmósfera.
Levanto la cabeza y siento la música fluir como una suave brisa en mi interior, en todo mi ser. Siento que mi cuerpo ya no está acotado, sino que de pronto era ilimitado, infinito, lleno de colores, de sensaciones…
Y en ese punto álgido todo cimbrea, todo estalla, pierdo esa sensación, el equilibrio se rompe lo mismo que si a un preciso mecanismo de pronto se le hubiese desajustado una pieza. Pero no es la música, las guitarras siguen su melodía, la batería sigue imprimiendo fuerza y ritmo. Soy yo… esa voz…tengo que abrir los ojos, dejar de mover la cabeza con aquel ritmo que entraba en mí como un torrente. Por un momento todo se apaga, todo se derrite a su alrededor como ese cuadro de Dalí en el que los relojes parecen derretirse bajo el implacable sol. Solo puedo verla a ella, ¿un ángel? , no podría decir que no. La mirada perdida en el fondo de la sala, tímida, esquiva. El micro abrazado, acariciado con dulzura. Sigo embelesado mientras todo el mundo salta y se mueve a mí alrededor, alguien se acerca y acompaña a voz en grito a chris, yo también lo hago, despierto de mi sueño.
No me atrevería a decir si es un ángel, pero sin duda tiene magia, como campanilla, seguro que es un hada como ella porque me ha hecho volar; como el hada lo hacía con sus polvos mágicos, pero ella lo ha conseguido solo con su voz. De pronto, como si fuera un error me dedica una breve, fugaz y efímera mirada acompañada de esa sonrisa tímida que dice tanto sin decir nada. Un gracias, un sigue saltando, un eres un personaje, deja de mover la cabeza así….
Supongo que ha recuperado la sensación de las miradas, sin duda. Dicen algunas palabras pero sigo en mi nube particular, en mi mullida y suave nube, en esa a la que me retiro cuando las cosas van mal o cuando me siento como en el cielo, en mi cielo. Esa que cae estrepitosamente cuando comienza una nueva canción y esta vez ni ritmo, ni movimientos de cabeza, ni siquiera forzar la garganta para seguirla, simplemente la miro, como si realmente hubiera visto un ángel, esforzándome por grabar en mi mente aquellos breves instantes, porque cuando quiero acordar un movimiento de mano me indica la despedida y batiendo sus alas desaparece hacia ese cielo tan cercano como lejano, seguramente rozado por una alta torre y de dulces y mullidas nubes. Aun así, tal vez producto de mi imaginación, veo como lanza un beso y se despide con el suave menear de su mano. Y de mis labios escapa un hasta pronto y una lágrima que va a parar directamente al corazón.

Escuchando: Beside your heart. Alchemist of Darkness.

Sueño que la vida es una película de esas en las que todo empieza mal pero un día, como por arte de magia, todo cambia, todo se arregla  y todos son felices y comen perdices. De esas en las que el patito feo se convierte en un bello y esbelto cisne, de esas en las que se demuestra que lo importante no es la fachada si no mas bien lo que hay dentro. En las que un día, por caprichos del azar aparece una bella princesa a la que salvar de garras de un temible dragón y la escena acaba en beso de amor. En las que existen los amigos capaces de saltar en el último momento para evitar que una bala te hiera, de cargar con las culpas de alguna cagada o simplemente de escucharte durante horas al abrigo de una chimenea con un café humeante, un cubo de helado o una cerveza bien fría. En las que existe el amor verdadero, en las que el dinero no es lo único que importa, en las que existe el honor, la fidelidad y la compasión. Pero supongo que por eso existe el cine…para dejarnos la miel en los labios mostrándonos todo aquello que solo podemos rozar si estamos delante de una pantalla. 
Escuchando: Romance. Apocalyptica.

Cada novela, cada relato, cada poema e incluso cada pensamiento, apenas palabras esquivas que huyen vergonzosas de ser plasmadas en un papel o proclamadas a los cuatro vientos, son parte del alma de quién las escribe y también de aquél que, bien por curiosidad, bien por aburrimiento, o por la necesidad imperiosa de refugiarse en las palabras de otro para no escuchar aquellas que restallan con fuerza en su cabeza, las lee.
Aceptar este sencillo regalo, palabras que tratan de expresar, contar, hacer sentir...parte de mi alma y espero, parte de la vuestra.


Escuchando: I wish had an angel. Nightwish

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