Otro papel en blanco, otro lienzo que espera a ser mancillado con pintura en forma de palabras que pretenden limpiar mi alma. Otro papel que, cuando tome conciencia de su inutilidad, no podrá siquiera secar las lágrimas que encharcan mi alma, mi corazón mi existencia.
Otro papel en blanco, otra oportunidad desaprovechada, otro texto desaprobado y condenado a la hoguera por la razón pero ensalzado por la inspiración y el deseo, por las musas de vestidos vaporosos que se marchan igual que llegaron, que se escurren como agua entre mis dedos mientras escribo.
Otro intento de dibujar todo aquello que me amenaza, que me entusiasma, que me hiere o me alegra y que apenas queda en un boceto, sin comprender que persigo un sueño. Extirpar sentimientos con letras, escribir y olvidar. Y por más que me esfuerce siguen ahí, agazapados, dormitando esperando el momento para despertar apenas para recordarme que siguen ahí, que no se han marchado ni lo harán. Recordándome que seguirán martirizándome, que sigo vivo, que sigo intentando escribir lo que vivo, que sigo viviendo lo que escribo.
Escuchando: Aria a la medianoche.
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